Los arqueólogos, desde Luis Diego Cuscoy, han leído en esas espirales símbolos del agua: al pie del roque brota un manantial estacional de aguas termales, al que acudían enfermos, y en la zona hay enterramientos de cremación y espacios de sacrificio ritual. Cuscoy evitó que el roque fuera dinamitado, y cuando en octubre de 1971 se abrió el volcán a su lado, la erupción tomó su nombre, Teneguía, y cubrió parte de la zona excavada sin dañar los grabados. Es Bien de Interés Cultural con categoría de zona arqueológica desde el 18 de julio de 1996.
En sus grietas crece la cabezuela (Centaurea junoniana), un endemismo palmero en peligro que solo vive en estado silvestre aquí. Está dentro del Monumento Natural de los Volcanes de Teneguía; el Cabildo instaló en 2023 señalética en varios idiomas y un mirador en Las Machuqueras para contemplarlo. Se ve desde el GR 131 y la Ruta 4 camino del Faro. Los grabados no se tocan ni se pisan, y no se sale de los senderos. Ver también: Volcán Teneguía.