Arqueología
Las Cazoletas de Mar
Fuencaliente es el municipio palmero que ocupa el extremo sur de la isla de La Palma, de tal forma que es el único que tiene costa por ambas vertientes, tanto por la oriental como la occidental. Por ello, no debe extrañarnos que la influencia del mar sea apreciable en todos los yacimientos arqueológicos del municipio. Precisamente en el mismo borde, donde confluye la tierra y el mar, se localizan en la isla de La Palma unos 140 lugares, de los cuales 20 se encuentran en las costas de Fuencaliente. No puede ser algo superfluo cuando el cómputo general se acerca a las 4.000 cazoletas.
Fuencaliente es el municipio palmero que ocupa el extremo sur de la isla de La Palma, de tal forma que es el único que tiene costa por ambas vertientes, tanto por la oriental como la occidental. Por ello, no debe extrañarnos que la influencia del mar sea apreciable en todos los yacimientos arqueológicos del municipio. Precisamente en el mismo borde, donde confluye la tierra y el mar, se localizan en la isla de La Palma unos 140 lugares, de los cuales 20 se encuentran en las costas de Fuencaliente. No puede ser algo superfluo cuando el cómputo general se acerca a las 4.000 cazoletas.
Debieron realizarse con técnicas mixtas de golpeo o percusión y raspado para su rebaje y pulido de piedra sobre piedra debido a la ausencia de metal. En cuanto a las tipologías, predominan las cazoletas circulares y cónicas, pero también observamos algunas ovaladas. Muestran variedad de diámetros que pueden ir de los 5 hasta los 25 o 30 cm; en cuanto a la profundidad, oscila aproximadamente desde los 5 hasta los 30 cm. Normalmente forman conjuntos, desde unas pocas (algunas aisladas o en parejas) hasta formaciones de varias decenas que pueden superar el centenar, combinando normalmente diferentes diámetros y profundidades.
Los conjuntos más destacados de la costa de Fuencaliente son: Punta de La Tora, Punta y Baja de Las Escaleras, La Colmena, Guincho Grande o Punta del Viento, Las Cabras, La Garza I, II y III, Punta de El Cabezo, Malpique, Porís de Puntalarga, El Ombligo, El Fondito I y II, Punta del Hombre, La Zamora de Abajo, el Porís de La Zamora y la Punta del Banco. Solo desde ahí es posible la comunicación con lo trascendente.
El pensamiento simbólico, en general, y el religioso, en particular, aluden y derivan de una cosmogonía. La idea implica que el espacio habitable se construye a la manera de un microcosmos que refleja aspectos decisivos del esquema cosmológico. De todos ellos hay tres que destacan por el número de cazoletas y por su vistosa y trascendental manifestación de lo sagrado:
1. Guincho Grande o Punta del Viento que contiene unas 130 cazoletas. La punta se prolonga en dirección hacia el mar siguiendo una línea que lo conecta con el lugar por donde surge el sol durante los equinoccios. En el extremo opuesto coincide un fenómeno astronómico relevante para la población awara como es enfática manifestación de la Luna llena durante el Lunasticio de Invierno Mayor Norte, parte del ciclo lunar que acontece cada 18,6 años, por la máxima altura de la Montaña del Viento.
2. Las Cabras con unas 200 cazoletas talladas a la orilla del mar. Cada vez que llega el solsticio de verano, se puede visualizar como el sol se oculta por la altiva Montaña del Lajío. Visualmente es muy atractivo también como la sombra, vista desde dicha montaña, se va apoderando de la Punta de Las Cabras donde se concentran las cazoletas.
3. Porís de Puntalarga. Contiene un grupo de unas 50 cazoletas y se tallaron en el lugar exacto para determinar la llegada de los equinoccios indígena en el momento en que la posición del orto solar coincide con el altivo Roque Teneguía.
El mar era una fuente de alimento significativa y parece natural que se le agradeciera con un ritual de comunión y reciprocidad colocando comida sólida y/o derramando leche en las cazoletas con marea baja para que las fuerzas, espíritus o diosas del mar reciban simbólicamente el alimento humano que recogen cuando se produce la pleamar. A su vez, el mar fue venerado como divinidad maternal, cuyas propiedades tenían la capacidad de sanar, limpiar, purificar, donde se encuentra el equilibrio y el mismo germen del origen de la vida. La reciprocidad crea un espejo entre los humanos y los dioses o espíritus.
Miguel A. Martín González